Mario Rodríguez Pantoja
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| Presidente Machado |
Cuenta el historiador Hugh Thomas que los orígenes de Gerardo Machado son «tortuosos y confusos». Se sabe que trabajó en una carnicería que le dejó como recuerdo la pérdida de dos dedos de la mano izquierda; que se dedicó al robo de ganado, como cuatrero; y que una de las primeras medidas que adoptó cuando lo nombraron alcalde de Santa Clara fue el incendio de la Audiencia en que había archivados documentos probatorios de sus actividades delictivas.
Terminada la guerra de independencia contra España, a Machado se le designó supervisor de los pagos del Ejército mambí en su provincia natal, ocasión que aprovechó para enriquecerse de manera ilícita. Luego se afiliaría al Partido Liberal de José Miguel Gómez, en cuyo seno desarrollaría su carrera política.
En aquellos años de «generales y doctores» Machado dirigió una pequeña compañía eléctrica en Santa Clara y sería luego gerente de un ingenio azucarero, pero regresaría al negocio energético para ascender hasta la vicepresidencia de la firma Cuban Electric, filial habanera de la Electric Bond and Share Company, empresa esta que según sus enemigos contribuiría años más tarde a sufragar los gastos electorales de su campaña presidencial con la nada despreciable suma de medio millón dólares.
Este exoficial insurrecto con apariencia de «simpático bribón» era aficionado a los espectáculos teatrales de contenido sexual y fue durante un tiempo propietario –testaferro mediante– del habanero Molino Rojo situado en Galiano, cabaret en que se exhibían espectáculos pornográficos.
Electo presidente el 20 de mayo de 1925, Machado anuncia un programa que incluía la lucha contra la corrupción política, la no reelección presidencial, la profesionalización del Ejército, el desarrollo de la industria nacional y la diversificación de la economía, la defensa de la integridad nacional o el fin de la Enmienda Platt, así como un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, una reforma judicial y educativa, la autonomía universitaria y un ambicioso plan de obras públicas.
Para llevar a cabo dicho programa, el recién estrenado presidente incluyó en el Gabinete, entre otros, a Viriato Gutiérrez, para que se encargase de dirigir los cambios relacinados con la soberanía económica y la elaboración de un nuevo tratado de reciprocidad con el vecino del Norte; a Guillermo Fernández Mascaró, para que dirigiera la transformación de Cuba en «la Atenas de América»; a Rogelio Zayas Bazán, con el encargo de limpiar la isla de garitos de juego y prostitución; a Jesús María Barraqué, para que reformara la justicia (se le recuerda por haber introducido el garrote vil); y a Carlos Miguel de Céspedes, para que se encargase de proyectos como la construcción de la Carretera Central, el Capitolio y la ampliación de la Universidad de La Habana.
Los primeros años de gestión gubernamental machadista se caracterizaron por la realización de varias de sus promesas de campaña, entre ellas, la construcción de escuelas y hospitales. Además, durante ese período de su mandato se dio inicio a la regulación estatal de la economía, proceso que desde entonces iría ampliándose y que alcanzaría su punto culminante con las nacionalizaciones realizadas por el Estado «socialista» a partir de enero de 1959.
Al nuevo presidente solía vérsele paseando por las calles, dando limosnas de hasta cien dólares o prodigando gestos cariñosos a algún niño. Sin embargo, también se haría famoso, desde fecha temprana, por sucesos como el asesinato del periodista Armando André, que había insinuado en un artículo de prensa que la hija del otrora jefe mambí era lesbiana. En esa época, el general de la «Guerra de la Chambelona» contaba con el respaldo del Ejército, al que utilizaba como si de un cuerpo de funcionarios civiles se tratase y a cuya oficialidad había en gran parte corrompido a base de prebendas. Había entonces militares en todos los departamentos ministeriales y en corporaciones locales, de un modo que, según Thomas, parecía parodiar el sistema de comisarios de la antigua Unión Soviética.
La brutalidad con que el machadismo trataría a la disidencia política tampoco tardó en manifestarse. Así, por ejemplo, luego del regreso del presidente John Coolidge a su país, tras la clausura de la Conferencia Panamericana en La Habana, cuatro estudiantes acusados de comunistas fueron arrojados desde El Morro con bolas de hierro atadas a los pies. Este cuádruple crimen, lejos de amedrentar a la oposición, determinó que la lucha entre Machado y sus detractores entrase en una escalada interminable.
En abril de 1928, Machado consigue reformar la Constitución para dar respaldo legal a su continuidad en el poder sin necesidad de elecciones presidenciales, por seis años más, contados a partir de la fecha en que su presidencia hubiera debido concluir. En ese mismo mes fueron asesinados el piloto Néstor Ponce de León y el estudiante Pérez Terradas; y a finales de mayo, tras fracasar una insurrección de oficiales, el coronel Blas Masó fue fusilado. Dos muertes más a manos de la policía se produjeron durante el verano; y a comienzos de 1929 tuvo lugar el asesinato de Mella en México.
En 1931, provistos de gran cantidad de armas y provisiones, cuarenta voluntarios capitaneados por Emilio Laurent desembarcan en Gibara. Los expedicionarios consiguen apoderarse del puesto de policía, la central telefónica y el ayuntamiento. Laurent y sus hombres se dirigen entonces a tomar Holguín. Pero unidades militares machadistas les tienden una emboscada y son derrotados. Muchos rebeldes terminan apresados, torturados y hasta fusilados. Holguín, desgraciadamente, es bombardeada por la sección aérea del Ejército, siendo así la primera ciudad de las Américas en sufrir este tipo de acción de guerra.
La crisis económica mundial que se inicia en 1929 va a afectar tan seriamente a la isla que el país terminará al borde de una guerra civil. En ese contexto surge entonces una fuerza clandestina de oposición –denominada ABC– con el fin de derrocar a Machado mediante el terrorismo y sustituir su dictadura por un régimen en que las clases medias controlaran el poder. Fundan este movimiento jóvenes abogados como Joaquín Martínez Sáenz o Carlos Saladrigas, e intelectuales como Jorge Mañach. ABC consigue dar muerte mediante atentados a un sinnúmero de oficiales de la policía machadista. También asesina al presidente del Senado, Clemente Vázquez Bello, íntimo amigo del dictador.
En relación con el ambiente que reinaba en las cárceles y calabozos cubanos, el embajador norteamericano Harry Guggenheim informaba al secretario de Estado de su país que el asesinato de prisioneros estaba conmoviendo a la opinión pública cubana, en la cual, según él, se fortalecía el convencimiento de que ninguna persona bajo arresto se hallaba a salvo de la venganza oficial, extremo este que el propio Machado había reconocido ante Guggenheim en lo relacionado con unos estudiantes asesinados.
Ante la retirada del apoyo estadounidense y la imposibilidad de superar el caos y la violencia reinantes, pues la oficialidad del Ejército, temerosa de posibles represalias se había pasado a la oposición, Machado dimite y, en la noche del 12 de agosto de 1933, huye en avión del país, rumbo a Nassau.
Terminada la guerra de independencia contra España, a Machado se le designó supervisor de los pagos del Ejército mambí en su provincia natal, ocasión que aprovechó para enriquecerse de manera ilícita. Luego se afiliaría al Partido Liberal de José Miguel Gómez, en cuyo seno desarrollaría su carrera política.
En aquellos años de «generales y doctores» Machado dirigió una pequeña compañía eléctrica en Santa Clara y sería luego gerente de un ingenio azucarero, pero regresaría al negocio energético para ascender hasta la vicepresidencia de la firma Cuban Electric, filial habanera de la Electric Bond and Share Company, empresa esta que según sus enemigos contribuiría años más tarde a sufragar los gastos electorales de su campaña presidencial con la nada despreciable suma de medio millón dólares.
Este exoficial insurrecto con apariencia de «simpático bribón» era aficionado a los espectáculos teatrales de contenido sexual y fue durante un tiempo propietario –testaferro mediante– del habanero Molino Rojo situado en Galiano, cabaret en que se exhibían espectáculos pornográficos.
Electo presidente el 20 de mayo de 1925, Machado anuncia un programa que incluía la lucha contra la corrupción política, la no reelección presidencial, la profesionalización del Ejército, el desarrollo de la industria nacional y la diversificación de la economía, la defensa de la integridad nacional o el fin de la Enmienda Platt, así como un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, una reforma judicial y educativa, la autonomía universitaria y un ambicioso plan de obras públicas.
Para llevar a cabo dicho programa, el recién estrenado presidente incluyó en el Gabinete, entre otros, a Viriato Gutiérrez, para que se encargase de dirigir los cambios relacinados con la soberanía económica y la elaboración de un nuevo tratado de reciprocidad con el vecino del Norte; a Guillermo Fernández Mascaró, para que dirigiera la transformación de Cuba en «la Atenas de América»; a Rogelio Zayas Bazán, con el encargo de limpiar la isla de garitos de juego y prostitución; a Jesús María Barraqué, para que reformara la justicia (se le recuerda por haber introducido el garrote vil); y a Carlos Miguel de Céspedes, para que se encargase de proyectos como la construcción de la Carretera Central, el Capitolio y la ampliación de la Universidad de La Habana.
Los primeros años de gestión gubernamental machadista se caracterizaron por la realización de varias de sus promesas de campaña, entre ellas, la construcción de escuelas y hospitales. Además, durante ese período de su mandato se dio inicio a la regulación estatal de la economía, proceso que desde entonces iría ampliándose y que alcanzaría su punto culminante con las nacionalizaciones realizadas por el Estado «socialista» a partir de enero de 1959.
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| Construcción del Capitolio |
| Hotel Nacional, construido durante el gobierno de Machado |
En abril de 1928, Machado consigue reformar la Constitución para dar respaldo legal a su continuidad en el poder sin necesidad de elecciones presidenciales, por seis años más, contados a partir de la fecha en que su presidencia hubiera debido concluir. En ese mismo mes fueron asesinados el piloto Néstor Ponce de León y el estudiante Pérez Terradas; y a finales de mayo, tras fracasar una insurrección de oficiales, el coronel Blas Masó fue fusilado. Dos muertes más a manos de la policía se produjeron durante el verano; y a comienzos de 1929 tuvo lugar el asesinato de Mella en México.
En 1931, provistos de gran cantidad de armas y provisiones, cuarenta voluntarios capitaneados por Emilio Laurent desembarcan en Gibara. Los expedicionarios consiguen apoderarse del puesto de policía, la central telefónica y el ayuntamiento. Laurent y sus hombres se dirigen entonces a tomar Holguín. Pero unidades militares machadistas les tienden una emboscada y son derrotados. Muchos rebeldes terminan apresados, torturados y hasta fusilados. Holguín, desgraciadamente, es bombardeada por la sección aérea del Ejército, siendo así la primera ciudad de las Américas en sufrir este tipo de acción de guerra.
La crisis económica mundial que se inicia en 1929 va a afectar tan seriamente a la isla que el país terminará al borde de una guerra civil. En ese contexto surge entonces una fuerza clandestina de oposición –denominada ABC– con el fin de derrocar a Machado mediante el terrorismo y sustituir su dictadura por un régimen en que las clases medias controlaran el poder. Fundan este movimiento jóvenes abogados como Joaquín Martínez Sáenz o Carlos Saladrigas, e intelectuales como Jorge Mañach. ABC consigue dar muerte mediante atentados a un sinnúmero de oficiales de la policía machadista. También asesina al presidente del Senado, Clemente Vázquez Bello, íntimo amigo del dictador.
En relación con el ambiente que reinaba en las cárceles y calabozos cubanos, el embajador norteamericano Harry Guggenheim informaba al secretario de Estado de su país que el asesinato de prisioneros estaba conmoviendo a la opinión pública cubana, en la cual, según él, se fortalecía el convencimiento de que ninguna persona bajo arresto se hallaba a salvo de la venganza oficial, extremo este que el propio Machado había reconocido ante Guggenheim en lo relacionado con unos estudiantes asesinados.
Ante la retirada del apoyo estadounidense y la imposibilidad de superar el caos y la violencia reinantes, pues la oficialidad del Ejército, temerosa de posibles represalias se había pasado a la oposición, Machado dimite y, en la noche del 12 de agosto de 1933, huye en avión del país, rumbo a Nassau.

